Jane Schoenbrun vuelve con Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, su tercera película, para explorar la creatividad en su máxima expresión cuando se trata de volver a la plasticidad y lo artesanal del cine. Con un presupuesto independiente, filmada en 35mm y en defensa de la artesanía cinematográfica, Schoenbrun nos entrega su propia exploración de los géneros que la formaron y que la acompañaron durante años, para devolverlos ahora transformados a su propio universo creativo.

La película sigue a Kris (Hannah Einbinder), una joven cineasta queer que recibe el encargo de revivir Camp Miasma, una popular franquicia de terror de los años ochenta. Para hacerlo, llega hasta Billy (Gillian Anderson), la actriz que protagonizó la película original y que ahora vive como ermitaña, en el mismo lugar donde alguna vez se filmó. Lo que parte como una búsqueda para recuperar una película olvidada termina convirtiéndose en un encuentro mucho más extraño, donde el deseo, los recuerdos y la propia idea de hacer cine comienzan a mezclarse cada vez más con la ficción.
Como ya es característico en su cine, la nostalgia retro y los discursos sobre la identidad son el eje fundamental de sus historias. En Camp Miasma, Schoenbrun desarrolla un guion mucho más sólido, que encuentra en el slasher una herramienta para hablar de aquello que ocurre detrás de las imágenes: quién tiene derecho a contar una historia, quién queda fuera de ella y qué sucede cuando decidimos apropiarnos de los relatos que alguna vez nos hicieron sentir representados.
Schoenbrun explora el slasher, para volver a construirlo desde otro lugar. La película está llena de referencias al cine de terror que marcaron su imaginario, sin embargo esto no se siente como un ejercicio de nostalgia vacío. Hay una intención de volver a observar esa fórmula, sus personajes y sus formas de representar el cuerpo para preguntarse qué podemos hacer hoy con ellos.
El diseño de producción, la banda sonora y las actuaciones nos invitan a entender el cine como un espacio de transformación. Una película sobre hacer películas, sobre mirar y ser mirado, sobre el vínculo entre quien crea y aquello que crea. Schoenbrun convierte el horror, el gore y el artificio del cine de serie B en un territorio íntimo donde sus personajes se permiten explorar y sentir.
Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma es una declaración de principios de una directora que entiende el cine como una forma de encontrarse a sí misma y, al mismo tiempo, de devolverle a quienes alguna vez fueron convertidos en monstruos dentro de estas historias la posibilidad de ocupar el centro de ellas.
