Siempre es sorprendente ver como una obra de teatro llega a la pantalla grande y este año le tocó a El Día D: Bajo Presión, una obra del 2014 del guionista inglés David Haig. Fue el director australiano Anthony Maras (Hotel Mumbai) quien decidió llevar la historia al cine como su segundo largometraje.

La historia, conocida por muchos, cuenta las horas previas al desembarco en Normandía. Iniciando con escenas de la fallida Operación Overlord, donde los aliados fueron tomados por sorpresa por los alemanes. Esta no es una película bélica común y es bueno decirlo, pues ocurre más que nada en espacios cerrados, espacios donde se toman importantes decisiones.
72 horas quedan para el desembarco masivo y el general Dwight D. “Ike” Eisenhower (Brendan Fraser) espera el dictamen de los meteorólogos para confirmar la gigantesca operación militar. La responsabilidad recae en el capitán escocés James Stagg (Andrew Scott) y el meteorólogo americano Irving Krick (Chris Messina), quienes deberán determinar el clima para la operación. No se trata sólo de predecir si habrá tormenta, nubes bajas u olas imposibles sino que también hay miles de vidas en juego y, por supuesto, el curso de la Segunda Guerra Mundial.
Si bien, las discusiones entre Stagg y Krick son constantes, también las peleas entre Eisenhower y su contraparte inglesa Bernard Montgomery (Damian Lewis), quien constantemente lucha contra las decisiones de “Ike”. Esto por sí solo parece un tremendo drama. Y claro, lo es en la pantalla. Pero se queda corto para el espectador.
A pesar que es una película donde el tiempo es increíblemente importante, no lo parece, pues la tensión de un inicio se desvanece, dejando momentos melodramáticos que no impactan como deberían.
Es bueno mencionar que es la actuación de Andrew Scott la que acarrea toda la película y que sin esta, la película definitivamente no funcionaría. Ya que, a pesar de los dotes actorales que tienen los demás actores, ninguno destaca de manera favorable. Fraser, quien interpreta a quien sería uno de los presidentes de Estados Unidos parece sumamente sobreactuado, sin mencionar que no fue el casting ideal, pues poco se parece a Eisenhower.

En la cinta también aparece Kerry Condon, quien interpreta a Kay Summersby, secretaria personal de Eisenhower y también su amante. A pesar de sus reiteradas apariciones en la pantalla, simplemente podría no estar y no pasaría nada, pues no aporta realmente nada interesante (salvo algunas conversaciones con Stagg) a la película.
Si bien la película dura poco más de hora y media y no decepciona en lo visual, queda corta frente a otras del género, por lo que pasa a ser un estreno olvidable. Aunque sus últimos 15 minutos la salvan de un resultado peor, el drama tibio, la falta de tensión y sus momentos muy predecibles hacen que la cinta pase sin pena ni gloria.
