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The Bear y la tarea de aprender a soltar

Ahora que finalizó una de las series más caóticas de los últimos años, vale la pena desmenuzar lo que dejó este trayecto y cómo su construcción aportó a un debate mucho más profundo sobre el concepto de aquello que consideramos familia, las "metas" o "logros" personales y cómo lidiamos con ellos; el fracaso, la depresión, el dolor y, por sobre todo, el amor que acompaña todos estos procesos. Todo esto utilizando como argumento el funcionamiento del universo culinario desde sus aristas más altas, aquello que se oculta detrás del éxito y los orígenes más básicos y curiosos que pueden llevar a una persona a querer dedicarse a la cocina desde la pasión y la creatividad.





En un comienzo, The Bear se nos presentó como una serie de "comedia", lo que fue generando debate a lo largo de sus capítulos y temporadas. La conversación se centraba en cómo la historia de una familia que sufre una pérdida trágica y cuyos integrantes pasan el 99% del tiempo haciéndose daño entre ellos podía ser contemplada como comedia. Este cuestionamiento se volvió cada vez más amplio, sobre todo cuando comenzó a ser nominada (y a arrasar) en las premiaciones donde era ubicada en la categoría de serie de comedia.


Y es que, a pesar de no ser una serie basada en el concepto más liviano de la comedia, con gags constantes o chistes, la dinámica de The Bear te invitaba a reírte "a pesar de". En personajes rotos, caóticos y conflictivos existía la posibilidad de descifrar ese humor que surge precisamente desde las personas quebradas, quienes, a través de sus dinámicas (muchas veces construidas desde el humor negro), lograban sobrellevar el dolor.


The Bear nunca trató sobre las risas. Si hay algo que podemos concluir de la construcción narrativa que se nos presentó a lo largo de estas sólidas cinco temporadas es su relación inevitable con las llamadas cinco etapas del duelo. Si las llevamos a cada una de sus temporadas, podríamos leerlas así:


  • T1: Negación. Carmy vuelve a Chicago convencido de que puede salvar el restaurante de su hermano sin detenerse realmente a enfrentar su ausencia. Todo ocurre desde el shock: trabajar parece más fácil que sentir.


  • T2: Ira. La reconstrucción del restaurante, expone todas las heridas del grupo. Las discusiones se multiplican, aparecen los resentimientos, las frustraciones y la incapacidad de comunicarse sin hacerse daño.


  • T3: Negociación. Carmy deposita toda esperanza en la perfección. Si consigue la estrella Michelin, si todo sale impecable, quizás encuentre un sentido a tanto sacrificio. La cocina deja de ser únicamente un oficio y se transforma en una forma de negociar con su propio dolor.


  • T4: Depresión. Cuando esa idea de perfección comienza a trizarse, aparecen el cansancio y el peso de las consecuencias. Ya no basta con trabajar más; ahora hay que convivir con aquello que nunca se resolvió.


  • T5: Aceptación. El dolor no desaparece, pero finalmente los personajes entienden que seguir adelante también implica soltar ciertas expectativas, reinventarse y aceptar que la vida continúa de formas distintas a las que imaginaron.



A través de las actuaciones de un elenco que difícilmente será olvidado, cada pregunta, debate y cuestionamiento surgido durante la historia termina resumiéndose en una verdad universal: nadie se salva solo. La serie construyó su desarrollo a partir de cómo los conflictos internos van obstruyendo el cotidiano, las relaciones y los objetivos. Ninguno de sus personajes logra avanzar mientras intenta resolverlo todo en soledad, porque el dolor termina ocupando cada espacio disponible.


Es en ese momento cuando finalmente aceptamos que estamos en este plano no para lograr la perfección, sino para sostenernos unos a otros, crear relaciones significativas, generar un espacio seguro en el cual se pueda existir tranquilamente y, por sobre todo, confiar en una red de apoyo y creer en esa familia elegida, que algo comienza a cambiar. El dolor deja de ser un lugar que se habita en soledad.

Con un cierre consciente y consecuente con todo su trayecto, termina una historia que no niega el dolor ni el temor que se enmascara en los procesos más conflictivos que implica sobrellevar la muerte y querer continuar. Una historia que intenta comprender qué sucede con uno después de un acto tan traumático y con todas las contradicciones que nacen a partir de él.


Para quienes han atravesado etapas de duelo o depresiones profundas, The Bear es un importante recordatorio de que nunca hemos estado solos y de que, a pesar de la frustración y de lo mucho que cueste aceptarlo, la calidez terminará siempre encontrando un espacio. Y así como la amistad de Syd y Carmy, nos invita a creer que todo tiene su momento correcto para ser y existir, con la claridad y la oscuridad de nada más y nada menos que la vida misma.



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