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'The Drama': Crónica de esencia y desastre

Tras su incursión en el cine estadounidense con Dream Scenario (2023), el cineasta noruego Kristoffer Borgli regresa a la gran pantalla con una obra que consolida su poco afán de complacer. En The Drama, Borgli se apoya en dos de los rostros más potentes de la industria actual, Zendaya y Robert Pattinson, para sumergirnos en una narrativa que trasciende la experiencia cinematográfica convencional. Fiel a su trayectoria cimentada en el humor negro y los personajes deliberadamente desagradables, el director nos sitúa en ese terreno donde el cine interpela y nos aleja de cualquier noción de certeza.



La película se aleja de la estructura racional del conflicto externo para centrarse en una falla trágica moderna: la comunicación en torno al amor y la idealización como eje central de nuestra propia destrucción. Borgli construye un dilema que sitúa a los protagonistas en un ejercicio de introspección profunda, donde el espectador abandona la pasividad para cuestionarse la idea de que el amor pueda sostenerlo todo. Bajo sus propias reglas, la historia nos empuja a debatir los límites que estos personajes están dispuestos a cruzar: ¿Enfrentamos nuestra realidad o la evadimos? La trama sugiere que, tal como dicta el dicho popular, uno nunca termina de conocer realmente a las personas, y es en ese abismo de incertidumbre donde nace el verdadero drama.

Uno de los puntos más altos de la obra radica en que el propio Borgli asume el montaje, permitiéndonos habitar el funcionamiento de su mente. El ritmo es frenético, cautivador y atrapante, una coreografía de lo absurdo y lo corporal que evita la obviedad a toda costa. No encontramos aquí una narrativa lineal o "cómoda"; encontramos una materia prima fresca y creativa que experimenta con los excesos. Esta "obra teatral llevada al fílmico" permite que el ensamble actoral brille en sus contradicciones, habitando un mundo normado por contingencias sociales mientras sus naturalezas humanas, caóticas y oscuras, pugnan por salir.



Las impecables actuaciones de Zendaya y Pattinson logran un equilibrio entre el encanto y el desencanto, guiándonos por los lados más sombríos de la entrega emocional. Sin embargo, la obra se revela como un puzzle humano donde cada integrante del elenco funciona como una pieza fundamental para sostener el peso del relato. En esa línea Alana Haim, consolidada como una de las revelaciones de la actualidad, quien trasciende su trayectoria en roles secundarios para situarse en el centro del conflicto. Su presencia es el catalizador necesario para el juicio de valores que propone la película; a través de ella, la historia deja de ser un duelo de dos para transformarse en un ecosistema de verdades incómodas donde nos vemos en la obligación de posicionarnos.


Al final del camino, la cinta nos arroja una última interrogante: ¿Valió la pena el sacrificio? Borgli no ofrece respuestas concretas, nos ofrece un camino: la aceptación como la base cruda de toda relación. The Drama es un recordatorio de que, si buscamos honestidad, debemos admitir que la perfección nunca ha sido, ni será, sinónimo de amor.  Es, en última instancia, una invitación a abrazar la imperfección como el único origen real de lo que sentimos; al fin y al cabo, no hay nada más humano que habitar la incertidumbre.

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