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'Hamnet': El surco que deja el dolor

Actualizado: 15 ene


Chloé Zhao regresa con Hamnet, una obra que continúa profundizando su mirada existencial sobre la humanidad. La directora de Nomadland — película con la que obtuvo el Oscar a Mejor Dirección y Mejor Película en 2021— vuelve a situarse en el territorio del tránsito, esta vez desde el interior de la perdida. A partir de la adaptación de la novela homónima de Maggie O'Farrell, Zhao nos propone acompañar el origen de una de las creaciones más trascendentales del arte: Hamlet y a ser testigos de cómo un duelo alteró el curso de la historia.




En tiempos donde la espiritualidad suele quedar sujeta a claves sociales y religiosas, el arte aparece como una herramienta de cuestionamiento profundo. Hamnet se instala en ese espacio donde el espíritu se manifiesta en el dolor y en la intimidad de lo humano. La película observa la conexión entre el cuerpo, la naturaleza y el dolor, trazando un retrato sensible de la humanidad en su estado más vulnerable.


Agnes, interpretada por una impecable Jessie Buckley, es una joven campesina conocida como la bruja del bosque por su conexión con la naturaleza. En ese entorno conoce a William, encarnado por Paul Mescal con una precisión teatral que ya distingue su trayectoria. El vínculo que construyen da forma a una familia que deberá enfrentar las adversidades propias del siglo XVI, marcadas por la fragilidad de la vida y la inevitabilidad de la pérdida.


El dolor se instala como eje central del relato. Desde la perspectiva de Agnes, los fantasmas comienzan a trazar las penas más profundas a las que puede someterse el corazón. La historia avanza siguiendo el tránsito de la sanación, crudo y visceral. Acompañando a sus protagonistas, autores de vidas anónimas en la somatización de la pérdida y en la transformación de esa herida en una nueva frontera creativa. Desde ahí emerge la tragedia de Hamlet, bajo la premisa de lo universalmente complejo que puede ser lidiar con el amor y el dolor en la experiencia humana.





El trabajo de casting a cargo de Nina Gold entrega una de las revelaciones actorales infantiles más conmovedoras del último tiempo. Los hermanos Jacobi Nupe (Hamnet) y Noah Jupe (Hamlet) sostienen el relato desde una presencia delicada.


La cinematografía de Łukasz Żal (Cold War, Ida y Zone of Interest) construye el campo inglés del siglo XVI como un espacio de introspección e intimidad. La cámara se detiene en la tierra, en el viento, en la luz que atraviesa los árboles, cargando cada plano de tiempo y de silencio. El paisaje acompaña el duelo, transformándose en una extensión del cuerpo y en un personaje más. La naturaleza aparece como un lugar de recogimiento, donde el dolor y el amor encuentran una forma de permanecer. Por su parte la música de Max Richter, autor de algunos momentos cinematográficos memorables de las últimas décadas (hablamos de On the Nature of Daylight), se manifiesta aquí con su identidad inconfundible. Richter nos transporta hacia un espacio emocional donde el sonido nos acompaña en el camino de la transformación. La música se expande como una experiencia sensorial profunda, que atraviesa todo el cuerpo.


Hamnet se erige como una obra cinematográfica de gran profundidad en su forma y fondo. El arte se presenta como un espacio donde lo humano puede aferrarse a lo terrenal, sosteniéndose únicamente en la fuerza de las conexiones, la memoria y el amor que persiste y permanece. Zhao nos invita a detenernos y contemplar nuestros afectos, miedos y vulnerabilidades desde un lugar íntimo, profundamente conectado con la espiritualidad.


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