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'The Bride': Maggie Gyllenhaal y la reinvención de una voz

Con su segunda película como directora, Maggie Gyllenhaal vuelve a situarse en un terreno creativo donde la reinterpretación funciona como punto de partida para construir un universo propio. The Bride aparece en un escenario de críticas divididas: celebrada por algunos y cuestionada por otros, la película se instala en ese espacio donde las propuestas autorales suelen provocar resistencia.





Inspirada en el imaginario de Mary Shelley y en las múltiples reinterpretaciones de Frankenstein, la película propone una relectura centrada en la novia. La propuesta de Gyllenhaal consiste en otorgarle densidad y autonomía a un personaje secundario en el universo del monstruo.


La historia sigue a Ida, interpretada por Jessie Buckley, una mujer que intenta abrirse espacio dentro de un mundo que parece haber sido diseñado sin contemplar su presencia. Arrastrada hacia el entorno de la mafia, configura un relato que adopta códigos del noir ambientado en los años treinta.


El guion, escrito por la propia Gyllenhaal, se construye a partir de un entramado de influencias culturales propias de la época y referencias actuales que conviven dentro de la película. La directora ha señalado que su proceso creativo parte de un conjunto de referencias diversas, y esa lógica se percibe en la estructura del relato. La historia se nos presenta como "de otro tiempo", pero las tensiones que la recorren pertenecen claramente al presente: la opresión de las mujeres en espacios dominados por hombres y las distintas formas en que esa presión se internaliza o se combate.


La frase “Preferiría no hacerlo", pronunciada por Ida (Buckley), funciona como una declaración de principios: un rechazo directo a las estructuras que delimitan el lugar de las mujeres y que oímos en repetidas instancias a lo largo de la cinta.





Parte de la recepción crítica ha apuntado a una dispersión narrativa. Sin embargo, en esa irregularidad se encuentra también una de las características más interesantes del proyecto. The Bride desarrolla un ritmo propio, donde conviven el dolor, el humor y una mirada autoral. Dentro de ese espacio, Jessie Buckley vuelve a demostrar la potencia interpretativa que ha marcado su trayectoria, encarnando con precisión la frustración, la angustia y una ira que atraviesa gran parte de la película, descrita por Gyllenhaal como "una fuerza animal".


La película también puede leerse como un lugar de encuentro para distintas tradiciones de pensamiento feminista. Un grupo de mujeres organizándose, discutiendo y ocupando espacios de poder configura uno de los ejes del relato, representada en sus personajes. El ejercicio de reivindicación resulta coherente con la lógica creativa de Gyllenhaal, quien está interesada en explorar un cine hecho por mujeres y pensado desde esa perspectiva.


En ese sentido, The Bride no busca necesariamente introducir una discusión inédita. Las preguntas que plantea han estado presentes durante décadas en distintos espacios. La novedad aparece en la manera de abordarlas: una relectura libre de un mito literario que se observa a sí mismo desde el presente y decide alterar sus propias reglas.




Dentro de esa lectura también aparecen ciertas tensiones que la película no intenta resolver. La organización femenina, la ocupación de espacios de poder y las distintas formas de resistencia conviven con una sensación persistente de desgaste. No se trata únicamente de confrontar un sistema, sino de habitarlo de manera constante. En ese contexto emerge una idea que atraviesa el recorrido de Ida: presiones, frustraciones y violencias cotidianas que terminan afectando la mente y el cuerpo. Un estado de saturación que la propia Gyllenhaal describe como una especie de “daño cerebral”, resultado de vivir demasiado tiempo bajo las mismas estructuras.


Con The Bride, Gyllenhaal propone una obra que asume el riesgo de incomodar. Más que buscar consenso, la directora parece interesada en abrir un espacio de discusión dentro de un mito cultural que durante décadas ha sido contado desde perspectivas similares. Su versión se instala dentro de esa tradición para desviarla hacia otro lugar.

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