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'La invitación': Y lo que queda sobre la mesa...


¿Cuánto de lo que construimos en una relación responde realmente a un deseo propio y cuánto pertenece a la rutina?, ¿En qué momento damos por sentada la vida que compartimos con otra persona? Olivia Wilde vuelve a la dirección con La Invitación, su tercera película tras Booksmart y Don't Worry Darling, una historia que deposita toda su confianza en la palabra para cuestionar el amor, el deseo y la vida en pareja.



Basada en la película española Sentimental, de Cesc Gay, Wilde traslada la historia a San Francisco para seguir a Angela (Olivia Wilde) y Joe (Seth Rogen), una pareja cuya rutina parece haber saturado cada rincón de su casa.


La llegada de sus vecinos, Pina (Penélope Cruz), una sexóloga, y Hawk (Edward Norton), un exbombero, abre un intercambio que comienza con cortesía y termina removiendo certezas. A través de sus diferencias, la película convierte una cena cualquiera en un espacio donde aparecen preguntas sobre la libertad, el compromiso y la forma en que elegimos compartir nuestra vida con alguien.


Rodada en 35 mm junto a Kodak, La Invitación reúne uno de los elencos más interesantes del año. Olivia Wilde, Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton encuentran una química que sostiene la extensa conversación con naturalidad, mientras el guion de Rashida Jones y Will McCormack mezcla sarcasmo, curiosidad y cinismo para construir un equilibrio constante entre el humor, la incomodidad y la complicidad.



La película parece hablarle a una generación que quedó suspendida entre lo análogo y lo moderno, una que aprendió a convivir con la rutina, la carga laboral y relaciones donde muchas veces dejamos de preguntarnos cómo está el otro. La libertad, el sexo y los afectos atraviesan esa mirada para indagar sobre aquello que esperamos de una relación.


Cada duda que surge alrededor de la noche obliga a los personajes a revisar la imagen que tienen de sí mismos y de lo que han construido. Ahí aparece una reflexión sobre la honestidad y la capacidad de seguir descubriendo a la persona que tenemos al frente incluso después de años de convivencia.


Wilde entiende que toda relación también se construye a partir de las preguntas que seguimos dispuestos a hacernos. La Invitación convierte una conversación cualquiera en la oportunidad de mirar de frente esas certezas, cuestionarlas y recordar que construir una vida en común también implica volver a elegirse.


Las cartas están sobre la mesa.

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