SIRAT: El fin del mundo como experiencia sensorial
- Violeta Reyes Gutiérrez

- hace 2 días
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Actualizado: hace 2 horas
Oliver Laxe ha construido una relación singular con el Festival de Cannes. Desde Todos vós sodes capitáns hasta O que arde, su cine ha encontrado ahí un espacio de visibilidad, consolidándolo como una de las voces más reconocibles del cine europeo contemporáneo.
Sirat: Trance en el desierto, ganadora del Premio del Jurado en Cannes 2025, profundiza ese recorrido y amplía su alcance: es una obra que lleva sus búsquedas a un punto límite y que, precisamente por eso, ha generado reacciones intensas y contrapuestas.

Laxe es un cineasta que divide miradas. Su cine interpela desde la incomodidad y desde una relación poco complaciente con el espectador. Sirat se inscribe plenamente en esa línea: una película que privilegia la experiencia por sobre la progresión narrativa clásica, un apocalípsis punk que propone una inmersión sensorial como eje central de su lenguaje. La pregunta que atraviesa el film “¿así se siente el fin del mundo?”.
La película se sitúa en un tiempo reconocible y, al mismo tiempo, distante. Un presente donde los personajes avanzan sin una dirección clara, movidos por impulsos más que por objetivos concretos, a pesar de señalárnoslo desde el minuto uno. El tiempo en Sirat se construye desde la espera, la repetición y la deriva, generando una percepción densa, coherente con la idea de un colapso inminente.
En este entramado, el sonido adquiere un rol fundamental. Sirat se experimenta con el cuerpo y con la mirada. Su banda sonora envuelve y sostiene el film, estableciendo una relación directa con la imagen. El rave aparece como un espacio colectivo de descarga y resistencia, un gesto político disruptivo que canaliza el malestar de una sociedad en descomposición. Cabe mencionar el trabajo de las sonidistas Laia Casanovas, Amanda Villavieja y Yasmina Praderas (una anomalía en el medio) que resulta clave en este punto: su diseño sonoro construye una atmósfera que define el pulso de la película, permitiendo entrar en el trance que nos propone Laxe.

El guion, en cambio, presenta debilidades evidentes. La escritura no logra articular con la misma solidez el universo que propone desde lo sensorial. Los personajes se cruzan y conviven, pero sus vínculos carecen de un desarrollo profundo, dejando una sensación de vacío narrativo que la película no consigue sostener. Esta fragilidad estructural se vuelve más notoria a medida que avanza el metraje con diálogos que caen en obviedades y dejando una sensación de que existen más películas dentro de la misma.
No es casualidad que, con la excepción de Sergi López (quien interpreta a Luis) y el joven Bruno Núñez, el resto del elenco esté compuesto por personas sin formación actoral profesional. Los ravers utilizan sus mismos nombres y fueron casteados bajo el contexto de personas que pertenezcan a la escena del rave, sus presencias aportan una corporalidad concreta y anclada a ese mundo que propone Sirat. Esta decisión alimenta la materialidad del film y su atmósfera de lo real, aunque también representa un desafío para la construcción dramática tradicional de los personajes.

El respaldo de Pedro Almodóvar como productor no es un dato menor. Su patrocinio sitúa a Sirat en un lugar de mayor exposición dentro del panorama internacional, especialmente en su reciente circulación hacia premios como los Oscar con sus nominaciones en las categorías a mejor película internacional y mejor sonido, donde la obra ha sido observada con una mirada más severa.
Sirat es una película extraña, radical en su apuesta sensorial y desafiante en su forma. Una obra que insiste en generar una experiencia y que reafirma a Oliver Laxe como un autor dispuesto a sostener su visión incluso cuando esta incomoda o desconcierta; es ahí donde la película encuentra su fuerza y también sus límites. El discurso político que el film parece querer activar se diluye en la superficie de sus imágenes y sonidos, quedando por momentos vacío en relación con la ambición con la que el propio Laxe busca posicionar su obra dentro del cine contemporáneo.




